Sembrar futuro

Seamos Bosques es una organización de triple impacto que busca brindar soluciones naturales al cambio climático. Plantan árboles nativos en la Argentina, regeneran áreas degradadas y restauran bosques nativos.

Por: Fabrina Bustos Moskovic
Fotos: Gentileza Seamos Bosques

 

Empezó como un proyecto familiar en 1998 para consolidarse como empresa en 2016.. Hoy, Seamos Bosques es una organización con un propósito claro que produce valor y funciona como ejemplo inspirador.

 

“Desde nuestra familia veníamos trabajando en la regeneración de áreas degradadas y el enriquecimiento de bosque nativo, un proyecto que empieza mi padre con el objetivo de poner en valor la tierra que tenían”, señala Jorge Bellsolá Ferrar, fundador de Seamos Bosques. “Y, en vez de hacerlo de manera tradicional con agricultura y ganadería, él decide crear un proyecto a largo plazo para compartir con sus hijos”. Y así es que hoy la actividad de la empresa consiste en brindar soluciones naturales para poner en valor el bosque nativo en Argentina, regenerándolos, recuperando biodiversidad y generando empleo formal en las comunidades locales.Impulsados por su compromiso con la carbono neutralidad, realizan planes para mitigar la huella de carbono, que es el impacto que generan las empresas, eventos o personas individuales en la atmósfera al liberar Gases de Efecto Invernadero (GEI).

En los últimos años creció la preocupación de la sociedad internacional sobre el cambio climático y sus consecuencias. “Esto ayudó a que las empresas quieran asumir ese compromiso y que sea una tendencia medir la huella de carbono y hacer cosas para compensarlo”, afirma Jorge.

 

El primer paso en el accionar de Seamos Bosques es la medición del impacto; contar cuánto CO2 se libera a la atmósfera. El segundo, esquematizar el plan de acción para contrarrestarlo y, luego, ejecutarlo. La herramienta principal para contrarrestar este impacto son los árboles nativos de los lugares que restauran. Estos, en conjunto, forman bosques que, además de absorber el CO2 de la atmósfera, inyectarlo al suelo y liberar oxígeno, regulan el ecosistema y proveen alimento y agua.

 

El impacto de esta organización se ve inmediatamente en los terrenos de trabajo donde emplean a personas de las comunidades locales, realizan actividades educativas con escuelas cercanas y generan fuentes de alimentos -como la miel, el cayote y el chilto-, que también representan una posible fuente de ingresos. A mediano y largo plazo, los bosques vuelven a crear vida y a albergar a todas las especies que conformaban este ecosistema saludable.

 

Si bien se está formando un mercado de medición-compensación de carbono en Argentina, el impacto es pequeño en comparación con el que tendría una política pública. La organización trabaja en conjunto con el sector público en la creación de normativas y mecanismos de beneficios para las empresas, con el fin de fomentar su compromiso en generar acciones para contrarrestar su impacto.

 

“Creo que, en cada país, el Estado cumple un rol fundamental”, aclara el joven empresario. “Creemos que en Argentina aún falta, pero es clave dar el primer paso; armar un mercado voluntario de medición y compensación de carbono nacional. Y ojalá, luego, se generen beneficios. Eso llevaría a que muchas empresas y personas del mercado se involucren”, agrega y recalca el desafío de incentivar a otros a que copien lo que hacen y repliquen su impacto.

Para Jorge, uno de sus grandes desafíos es crear un modelo de negocio que sea rentable y que genere impacto positivo en lo ambiental y en lo social. “Así, estaría demostrando que personas que tienen un campo con bosque, tienen una opción de generar un negocio con él y no a expensas de él”.

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