Un paraíso en nuestros fondos

Un relato en primera persona de lo que fue la expedición Mission Blue, una expedición hacia el mundo submarino de las profundidades del Atlántico uruguayo.

Por Joaquín Berois, Buceando Mares.

 

Quiero empezar a contarles mi experiencia sobre la expedición que realizamos durante 6 días en el Atlántico, a 40 millas de nuestra costa. Zarpamos el 16 de marzo de este año, del Puerto de la Paloma (Rocha) en el R.O.U 26 Armada Nacional, rumbo altamar con el equipo completo que participó de la expedición.

 

El objetivo era poder tomar registros, fotos, videos de nuestros fondos marinos a 40 millas de la costa uruguaya y en aguas del Océano Atlántico uruguayo. El país tiene un compromiso firmado que establece que en el año 2030 debemos tener protegido el 30% de nuestras costas. ¡Gran desafío!

 

Esta aventura implicó todo tipo de sensaciones. En principio, lo enriquecedor que fue el trabajo en equipo; poder estar día a día con tantas personas en un buque donde había una energía increíble.

 

Trabajé con Eduardo Sorensen, fotógrafo submarino chileno que vino a tomar los registros para Mission Blue. Rodrigo García, coordinador de la expedición, realizaba un trabajo mágico con el ROV SUMARINO, eso nos permitía saber si valía la pena descender en determinados puntos que estaban marcados en la carta náutica, ya que tiene cámara y chequeábamos si debíamos descender allí o seguíamos navegando a otro punto de buceo.

 

La Armada Nacional y el grupo de buceo GRUBU fueron nuestro apoyo día a día, tanto en superficie como en las inmersiones. Con los prismáticos y tomando registros desde las alturas del ROU 26 estaban Marcelo de la Organización de Conservación de Cetáceos (OCC) y Alejandro de Red de Ambiente, tomaron registros de aves y también de un simpático pingüino que se acercó al buque.

 

Cada día realizábamos dos inmersiones, donde la mayoría de ellas eran fondos arenosos interminables, había poca vida en ellos, solo en algunas llegamos a ver estrellas de mar, cangrejos y cangrejos ermitaños.

 

Cada inmersión era especial, pensábamos con Eduardo. O que seguramente, en algunos puntos, no había bajado nadie nunca, En los buceos se da lo contrario a lo que vivimos en superficie, a no ser que el ser humano actúe o que la naturaleza cambie los fondos marinos, al sumergirnos en zonas que no se ha buceado podemos ver y disfrutar de lugares únicos.

 

Seguíamos navegando día a día y conociéndonos entre todos, ya que cada persona e institución eran claves para ese gran trabajo en equipo.

 
 

 

Cuando finalmente llegó el penúltimo día de la expedición -ya que se acortó por el cambio de clima que se aproximaba- llegamos a punto de buceo. Es una zona increíble y nuestra aspiración es que se declare como Área Marina Protegida. Está a 40 millas de la costa y, por supuesto, nos preparamos para explorarla. Descendimos en uno de los gomones de la armada de apoyo, con equipos completos y tranques para realizar buceos continuados.

 

Salieron dos gomones ese mismo día desde el buque, ya que el buque no se podía acercar a la zona porque eran aguas someras (poca profundidad). Había que buscar el punto de buceo y tirar un muerto de hormigón para poder marcar la zona y descender por el cabo para seguridad de todos.

 

Esa seguridad que nos brindaron el Grubu y la Armada Nacional nos dejaba trabajar tranquilos y poder hacer un trabajo en equipo junto a ellos.

 

Empezamos a descender por el cabo. Sobre los -10 metros comenzamos a divisar rocas, gorgonias, estrellas de mar…un paraíso en nuestros fondos marinos. Teníamos una visibilidad de -15 metros, jamás pensado en nuestro Atlántico. Este buceo era muy técnico, ya que la flotabilidad tenía que ser perfecta; no podíamos tocar una roca porque estaban llenas de vida y si lo hacíamos, haríamos un daño irreparable.

 

La corriente nos llevaba a su son, por eso íbamos con boyas de seguridad por si teníamos que hacer buceo a la deriva; afortunadamente no fue el caso. No nos daban los ojos y le señalaba a Eduardo dónde tomar fotos. El registro fue increíble… definitivamente hay que volver porque aún queda mucho por investigar allí.

 

Son nuestras reservas. El esfuerzo fue grande y el apoyo también. ¡El futuro de nuestro país está allí! Esperemos que 2023 nos lleve de vuelta y sigamos conociendo nuestros fondos para también delimitar y poder cumplir con este compromiso 30×30.

 

La experiencia me lleva a pensar que donde el ser humano no llega, ¡todo funciona! Y termino mi relato con un deseo compartido por todo el equipo: que en la próxima expedición puedan estar con nosotros Silvia Earle y Max Bello de Mission Blue.

 
 

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