Una cuestión de actitud (inclusiva)

El camino a recorrer para llegar a ser una sociedad verdaderamente inclusiva es largo y desafiante. Es necesario que se aborden valores, posturas, comportamientos, incluso el lenguaje. Pero todo camino comienza con un paso: centrarse en la persona, no su discapacidad.

Por Andrés Cikato, ONG El Palomar.

 

María es arquitecta, tiene dos hijas y tres perros. Está en pareja con Manuel. Es, además, community manager. Lee historia contemporánea y filosofía budista, corre maratones a su ritmo y escucha folclore. Es feminista y activista por el cambio climático. Concibe sólidamente que los niños y niñas son agentes de cambio. María es una persona en situación de discapacidad y usuaria de silla de ruedas.

 

Visualizar primero a la persona y llamarla por su nombre, utilizar las palabras correctas. Desafiar mitos con respeto y tolerancia, tener valentía y coraje, es decir, asentarse con un comportamiento determinado frente a la vida. En la inclusión de la discapacidad, todo germina con una cuestión de actitud (inclusiva).

 

Las personas precisamos trabajar una serie de valores que son esenciales para transformarnos en personas inclusivas: humildad, empatía y coraje. Respeto y paciencia. Se dice que la actitud es el comportamiento que emplea un individuo frente a la vida, hace referencia a la postura que muestra una persona ante una situación.

 

 

En una actitud inclusiva, las palabras importan, aquellas que no crean muros. En esa postura, veo primero a la persona: quién es, sus dones, sus logros. No me centro en su discapacidad. En esa cuestión de actitud, acompaño a que sean entendidas, engrandezco sus palabras. En mi proceder inclusivo, me descubro en un esfuerzo para participar de instancias con personas con discapacidad e intento promover la inclusión.

 

Seguidamente, derribo barreras en mi mente, con esa nueva actitud, me deconstruyo y desafío arquetipos de antaño. Reflexiono y paso a curiosear: ¿los niños usuarios de silla de ruedas o niñas con síndrome de Down, pueden acceder a la escuela regular? ¿Por qué no? Dudo, tanteo una autocrítica y me pregunto respecto al colegio de mis hijos e hijas: ¿es el edificio accesible y facilita la autonomía del alumnado? ¿El equipo directivo contempla la discapacidad? ¿Tienen los y las docentes el compromiso de aceptación de la discapacidad, sin preconceptos ni prejuicios? ¿Los alumnos impulsan el compañerismo? ¿Las familias asumen un liderazgo activo a favor de la educación inclusiva?

 

En la próxima oportunidad recapacitaré: ¿qué descubro cuando advierta un coche no autorizado a estacionar en un lugar para personas con discapacidad? Evidentemente pensaré en María. Es una cuestión de actitud inclusiva.

 

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