URBANISMO Y ECOLOGÍA

Mariangeles Longo es arquitecta por la Universidad ORT del Uruguay y magíster en Proyectos Arquitectónicos Avanzados por la Universidad Politécnica de Madrid. Es docente de la cátedra de Historia y Teoría de la Arquitectura Universidad ORT Uruguay. Especializada en tópicos contemporáneos, relativos a la planificación urbana, conversamos con ella sobre urbanismo, arquitectura y ecología.

Por Natalia Costa Rugnitz y Nicolás Barriola. 
 

¿Qué se entiende por ecología y cómo se relaciona esta disciplina con la arquitectura y, especialmente, con el urbanismo?

 

Para situar el foco del tema en el contexto contemporáneo me gustaría poner en escena una primera distinción entre dos formulaciones aparentemente parecidas: la ecología y el pensamiento ecológico. La primera, más de corte conservadurista, apunta a una postura de réplica del modelo de “naturaleza” heredado a partir del cuidado, la protección y la conservación. La segunda está más asociada a una ecología que no solo reivindica la protección del medio ambiente, sino también la distribución equitativa como parte fundamental del eje ecológico. Es vital revisar los modelos, las estrategias y las prácticas que impulsaron el desmesurado crecimiento de los núcleos urbanos, acentuando el fenómeno migratorio campo – ciudad. Hoy, los recursos naturales limitados demandan un nuevo marco de referencia, de métodos y estrategias, que insistan en la interrelación entre el entorno y los organismos, pero que al mismo tiempo sirvan de pretexto para definir alternativas de diseño, útiles para explorar y crear “lugares” donde se produzcan complejas relaciones económicas, políticas, sociales y culturales.

 

¿Qué ciudades reales se aproximan al paradigma?

 

Dentro de las ciudades que se aproximan al paradigma se encuentran Londres, Estocolmo, Edimburgo, Singapur y Viena. Estas cinco se consideran ciudades sostenibles dado que apelan a brindar una mejor calidad de vida a sus habitantes desde el punto de vista social, económico y ecológico, lo cual implica un relacionamiento simbiótico y equilibrado con el entorno y los recursos. El caso de Estocolmo es destacable por el entendimiento infraestructural de lo urbano. La gestión medioambiental a través de la inversión en infraestructuras sostenibles, como espacio público verde, les ha permitido continuar creciendo y comprendiendo los cambios desde un enfoque sistémico-dinámico por medio de estrategias que apuntan a la continua adaptabilidad y resiliencia de los entornos.

 

¿Qué ciudades se alejan al paradigma?

 

En cuanto a las ciudades que presentan mayores niveles de desigualdad socio-económica, así como un mayor consumo de energía, contaminación y propensión a desastres naturales se encuentran Mumbai, Wuhan, Nueva Delhi y Nairobi.

 
 

¿Cómo ves a la ciudad de Montevideo en este contexto?

 

Montevideo es una ciudad joven y con una fuerte matriz paisajística, creo que estos son dos factores que deben beneficiar un mayor enfoque ecológico del diseño y la planificación urbana. Uruguay es un país que cuenta con una costa oceánica pequeña y urbanísticamente consolidada. Se trata de una ciudad volcada hacia la costa y extendida hacia el este que se va fagocitando en pequeñas centralidades urbanas. Dicha matriz productiva metropolitana, ha generado una mayor ocupación y especialización del suelo por usos, desatendiendo las centralidades tradicionales. Desde el punto de vista ecológico, podemos entender el paisaje como una plataforma desde la cual abordar urbanísticamente la problemática, con el propósito de recuperar la densidad y plurifuncionalidad del centro, tanto desde el punto de vista social como económico.

 

¿Qué estrategias de intervención urbanas pueden ayudar a revertir este fenómeno de vaciamiento del centro?

 

Como muchas ciudades latinoamericanas, Montevideo demanda un marco operativo capaz de generar espacios inclusivos que inviten a reflexionar sobre la ecología, la memoria y la ciudad, para revertir las lógicas monofuncionales de ocupación del suelo. Soluciones pragmáticas y económicamente viables que operen en el territorio de forma no binaria, experimentando con tipologías híbridas a través de la mitigación de los límites entre lo urbano y lo rural, lo formal y lo informal. En definitiva, verdaderos ámbitos de negociación entre agentes públicos y privados que promuevan proyectos urbanos con mayores gradientes de biodiversidad. En este sentido, es fundamental reestructurar áreas paisajísticamente singulares de la ciudad tales como la faja costera, transformándola en una zona de amortiguación o “buffer” entre la trama y el paisaje.

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